2/12/2008

X I D E N T I T Y X

Carolina y Belén eran grandes amigas. Carolina era reservada y tímida. Belén era alocada y decidida. Carolina era una rubia romántica y soñadora, Belén era una morena un poco friki y un poco punk. A simple vista parecían incompatibles, pero se complementaban muy bien, y cada una aprendía algo de la otra. Belén aprendía paciencia con Carolina y Carolina aprendía audacia con Belén.
Todo empezó cuando Carolina se quedó a dormir en casa de Belén y a la mañana siguiente, como tenía frío, Belén le prestó su cazadora vaquera. Como a Carolina le gustó, Belén le dijo que se la podía quedar por unos días. Carolina estaba tan contenta de poder vestirse un poco al estilo de Belén, que le dijo “Bueno, pues entonces yo te presto mi camiseta de flores, vamos”. Porque Caro siempre decía “vamos”. Y Belén le dijo “Me encantaría, loca chiflada”. Porque Belén siempre le decía “loca chiflada” a sus amigas.
El fin de semana siguiente quedaron en ir juntas al centro de compras, y Belén pasó por la casa de Carolina, donde se puso una falda larga de Carolina. Pero Carolina le dijo que ella usaría entonces las medias negras y el cinturón de Belén, y así fueron a pasear.
Lo pasaron tan bien, que el domingo se telefonearon y Belén le dijo a Caro que ella le cambiaría su mochila negra con tachuelas por la mochila rosa de Carolina. En la escuela se intercambiaron las mochilas. Al salir de la escuela fueron juntas a la peluquería, y Carolina se cortó el pelo corto como Belén, y Belén se aclaró el pelo y se puso extensiones para tener el pelo de Carolina.
Al pasar a almorzar por casa de Belén, Carolina comió el guiso de carne picante que hace la madre de Belén y le encantó. Belén no comió, y prefirió pasar por casa de Carolina a comer las tartas vegetarianas que hace la mamá de Caro, que a ella le encantan. De paso, Belén le llevó a Caro unos CD de heavy, y Caro le dio a Belén sus discos de música romántica que a Belén cada vez le gustaba más.
Poco a poco se fueron dando una a la otra todas sus cosas: Belén le dio a Caro sus maquillajes y su gel para el pelo, sus zapatos, sus abrigos, sus fotos y sus bolsos. Carolina le dio a Belén sus vestidos, sus pañuelos, sus faldas, sus libros y sus perfumes. En la escuela las empezaron confundir, y le decían Belén a Caro y Caro a Belén.
En la casa, las mamás decían que las chicas estaban cambiadas, y los papás decían “Es la edad, están creciendo”.
A Belén, a quien siempre le había ido mal en Lengua, le empezó a ir guay en esa asignatura. Caro, a quien siempre le iba mal en matemáticas, empezó sacarse buenas notas en los exámenes.
Un día Belén le regaló a Caro su diario íntimo con candado con la llave. Y Carolina le dio la llave de su casa. Al día siguiente Caro también le trajo su diario, y Belén le dio las llaves de su casa con el llavero en forma de calavera.
El sábado siguiente se encontraron en el parque y se cambiaron las bicicletas. Y dijeron que lo mejor sería cambiarse los nombres, porque a Carolina le gustaba más el nombre Belén y a Belén le gustaba más llamarse Carolina. También se cambiaron sus móviles. Eso causó un poco de lío al principio entre sus novios, hasta que se cambiaron también los novios.
Luego de enterarse de todos sus secretos leyendo sus respectivos diarios, las chicas se encontraron un viernes en la heladería y cada una pidió un helado del gusto favorito de la otra.
Como ya se estaba haciendo de noche, Carolina le dijo a Belén “Uy, me voy a casa porque mi mamá debe estar esperándome con el guiso, loca chiflada” y Belén dijo “En casa hay ensalada, vamos. Pero mejor que vaya antes de que oscurezca y mi mamá se ponga nerviosa”. Belén guardó el diario de Carolina en su mochila rosa, subió a su nueva bicicleta y Carolina se fue a casa de Belén y Belén se fue a casa de Carolina.
Desde entonces, siguen inseparables.
Pero en realidad, hoy en día nadie –ni siquiera ellas mismas– saben con certeza quién de las dos es Carolina y quién de las dos es Belén.